A pesar de que amo la fotografia, a veces siento una enorme pena por dentro porque las fotografias no puedan captar los sonidos ni los olores. Una fotografia no puede, no sabe decir como uno se siente sobre la Torre Galatta viendo Europa a un lado y Asia al otro con un suave viento de sabor salado mientras se escucha como se multiplica la ezan de un lado a otro de la ciudad. Esperar luego sobre la imponente torre mientras el sol se va poniendo y todo parece cobrar un color dorado, sabiendo que al bajar te espera un sahlep calentito que recuerda por el sabor al arroz con leche de tu abuela.
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Te grite pero no me escuchastesera porque fueron gritos de silencio.
Me quede parada en el umbral,
en el limbo de las palabras no dichas,
en el claroscuro perpetuo.
Alli donde las lagrimas
son rios de pena subterraneos.