Vuela. El pequeño y frágil insecto atrapado por siempre entre dos grandes y bellas alas.
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La libertad es demasiado grande para encerrarla en una sola palabra.
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Letanía inaudible de lobo hambriento.
Notas de violín serpertean en el aire dibujando mis pecados.
Lágrimas de barro petrificadas.
Miedos atávicos innombrables.
Me miras esperando la respuesta a tu por qué.
Pero sólo se apartar la mirada hacia otro lado,
huyendo de esos ojos profundos que me devoran las entrañas.
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Dicen que existe una calle en la periferia del cielo en la que los muertos condenados al exilio bailan al ritmo de una melodía silenciosa cada luna llena. Sus almas decrepitas y angustiadas se entremezlcan con las notas en el aire y aullan pidiendo auxilio a la madre tierra. Danzan desgarrados por un pasado al que traicionaron. Se mueven espasmódicamente azotados por la pena eterna, llorando lágrimas de ácido corrosivo.
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En el vientre de la luna se halla mi guarida. Y mi himno es el aullido de un lobo herido y solitario. Al fondo se percibe la caricia del rio grácil y vigoroso lamiendo la tierra. Tibia la esperanza que me rodea. Necesito las palabras, pero amo más lo que no puedo explicar con ellas. Tirita mi sombra, le ofrezco mi vieja y sucia chaqueta. Sueño el sonido de unos pies descalzos chapoteando en el agua. Invento en la arena de la playa mis 10 mandamientos particulares y voy rescribiendolos cuando los borran las olas. Me obstino en romper el silencio a base de suspiros melancólicos. Se rompe la penumbra de la celda con el brillo desafiante de la verdad encubierta.
Solo al árbol milenario del pecado rezo mis plegarias. Mezclo mis lágrimas con la arena y con el barro esculpo tu sonrisa infinita. Perdono la ignorancia del que me odia sin conocerme. Son ciegos. Pobres los que usan siempre el cerebro y ahogan los sentimientos en una cantinela hipocrita.
Brindo, por vosotros, con un vaso rebosante de cianuro. Es el final, aqui me despido.
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No me pidas que hable,
escucha como hablan
mis ojos tristes
en la distancia.
Entiende que me he rendido,
en realidad, nunca luche por nada.
Sólo deseo deslizarme
por la niebla
hasta alcanzar la dulce muerte,
tierna amiga que me ampara.