Infinito el pudor
del frágil viento
volteando las hojas
[podridas y pegajosas]
desparramadas en la acera
gris y melancólica.
Esqueléticos los horizontes
donde se oyen los cantos
tardíos de viejas sirenas
[tristes putas de mar]
que encayaron en una playa
sin príncipe que las consuele.
Tristisimos los cadáveres
jugando al póquer
[medio borrachos]
de esos hombres desesperados
silbando su marcha fúnebre
con ritmo frenético y desquiciado.