Hay noches que se te vienen encima como olas de tristeza.
Noches donde la única luz es el cigarro que se va consumiendo entre tus dedos
[delgados y fríos].
Largos mantos de estrellas que palpitan cansadas a lo lejos,
[en lo eterno de lo imposible]
y que son la perpetua compañía de los malditos.
Noches como cajas oscuras de silencio opaco;
donde el viento se mueve claustrofobico de un lado a otro
[arañando las paredes del cielo a base de aullidos desesperados].
Noches en las que tus palabras se reducen a suspiros abatidos
[por el peso de lo vivido y de lo no soñado].